XXXIX
No son ciegos
los ojos que no te
ven,
es el corazón
que no te siente,
el que nubla mi ser.
XL
No encuentro el amor,
que se escurre entre
mis dedos,
volviéndose como el
humo,
elevándose en el
cielo,
escapando de su
jaula,
dorada por el fuego,
de sentimientos puros
y cariño sincero.
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