XXVII



En tus ojos veo

el reflejo de mi mirada,

y en tu cuerpo siento

vibrar el alma,

al son de la música

de amor y esperanza.

Unidas las manos,

nos enfrentamos al futuro,

sin miedo de perder

ni un solo minuto.



XXVIII



¿Oyes el viento?

Susurra tu nombre,

que perdurará en el tiempo,

sin que se agote.


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