LVXXI



Como el viento

entre mis manos

te vi marchar,

sin mirar a los lados

y sin volver la vista atrás.



Dejaste los caminos

con las huellas del ayer

y las lágrimas corrieron

por las mejillas que besé.



Te recuerdo todavía,

cuando en mis sueños apareces,

como flor de mediodía

en un campo celeste.


Comentarios

Entradas populares