XLI



Son oscuros los senderos,

que conducen a tientas,

hasta el amor sin fondo

oculto de las sendas,

que algún día andemos

y perdidos nos encuentra,

solos y extraviados,

por solitarias veredas,

que se anduvieron,

hace ya, muchas eras.



XLII



Locura de amor

desatada por el viento,

sin el consentimiento

de mi corazón.

Fiel reflejo

de una tormenta,

que azota la fuente

de nuestro amor.

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