XXI



Escucha el sonido de mi voz,

timbre ronco y ajado,

que llora por los rincones

por no haberte encontrado.



XXII



Siento en mi alma

el peso de un amor,

y veo con mis ojos

el motivo de la pasión.

Amor, no te escondas,

ilumina con tu esplendor

el pobre brasero

de este torpe corazón.

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