5. AMOR

Un día, estaba en el campo mirando un árbol, y sentí la necesidad de contar una historia a la muchacha que estaba a mi lado.

Sin mirarla, empecé a hablar:

Recuerdo, de una vida anterior, hace de eso unos 200 años, que andaba por este bosque con mi hijo, era Navidad, y habíamos salido a buscar un árbol para adornar la casa. Cuando estábamos en este mismo sitio, mi hijo señaló un árbol pequeño, apenas medía un metro de altura.

-          ¡Papa!, vamos a llevarnos este.

-          No hijo, no. Este es solo un arbolito. Está empezando a vivir. Dejémosle crecer, vamos a aquel otro, es grande y fuerte, le cotaremos una rama.

 Mi hijo aceptó.

 El año siguiente volvimos al mismo sitio y el árbol seguía allí. Había crecido y se encontraba más hermoso.

Desde aquel día, cada vez que subía al monte, iba a visitarlo. Cuando había sequía, subía y lo regaba, lo cuidaba.

 Recuerdo también,  que cuando yo no estaba, mi hijo también subió a verlo, a cuidarlo.
 
Y hoy, aquí, veo un árbol fuerte y grande, y oigo como me habla.
 
Me reconoce, aunque tenga otra cara, y me da las gracias por permitirle vivir, por dejarlo crecer, por ayudarle.

 Y lloro, lloro de alegría y de pena, y miro tus ojos, a mi lado, mientras las lágrimas que corren por mis mejillas caen al suelo.

 Me preguntas que porqué estoy llorando, es solo una historia.

 Pero para mí no lo es. Para mi es mi vida, y para el árbol fue también el principio de la suya. Aun ha de crecer más, y cuando pasen muchos años, contará a los suyos, que conoció a un ser humano que confió en él. Que lo amó y lo cuidó, y además lo recordó a través del tiempo.

Es la demostración de que el amor verdadero es eterno.

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